Antonio Velázquez, mexicano que vivió el violento desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik en noviembre de 2010.

No es la primera vez que el líder libio cambia de la noche a la mañana su postura respecto a los problemas que afectan al mundo árabe, y en particular sobre el conflicto del Sahara Occidental. Lo hizo cuando proclamó la unión de Libia con el reino de Marruecos en 1984. Una fusión que duró dos años y durante la cual Gadafi cortó la ayuda al Polisario y pidió a los saharauis que rindiesen pleitesía al rey Hassan II. Anteriormente había sostenido una posición diametralmente opuesta al proponer al presidente argelino Huari Buimedián una unión entre los dos países, que conllevaba un apoyo sin condiciones al derecho a la independencia de los saharauis.

Por este motivo, las propuestas del jefe de Estado libio son vistas en general con desconfianza por sus pares magrebíes. En los comienzos del conflicto que opone el Frente Polisario con el reino de Marruecos acerca de la soberanía de la excolonia española, el dirigente libio había mantenido una posición claramente «federalista», al proponer superar las fronteras del Magreb y no persistir en los nacionalismos estrechos, si bien siempre reivindicó el haber sido el «gran padrino y protector» del Frente Polisario, al que ayudó con dinero y armamento.

La posición expresada esta semana sobre el conflicto que paraliza todos los proyectos de unificación magrebí ha sido, sin embargo, muy explícita. “Insisto en decir que el referéndum es la única solución y no tiene sentido que nosotros, en tanto que somos hermanos árabes y musulmanes, nos estemos querellando continuamente”, señaló el carismático guía. Añadiendo acto seguido que “me parece de una gran claridad que no se puede ocupar, acaparar, ni reprimir a un grupo de personas contra su voluntad”.

Gadafi reconoció ante sus invitados que siendo la autodeterminación “un principio universal”, el pueblo saharaui tiene el derecho de recurrir al mismo y expresar de este modo “si desea adherirse a Marruecos u optar por la independencia”, si bien se manifestó claramente por resolver el contencioso «de manera pacífica, sin recurrir a las armas».

El dirigente libio ha calificado la cuestión del Sahara Occidental como un «doloroso problema» que «constituye un freno para la concretización de la Unión del Maghreb Arabe». Hay que recordar que durante los festejos del 50º aniversario de la Yamahiria libia, la delegación marroquí se retiró en protesta por la presencia de una delegación de la República saharaui (RASD) en la tribuna oficial. Esto conllevó una serie de reproches y clarificaciones por ambas partes. Posteriormente, el rey de Marruecos Mohamed VI envió emisarios a Trípoli, y según las declaraciones que se hicieron entonces, Gadafi les reiteró su posición tradicional de apoyo a las resoluciones de la ONU.

La novedad del caso es que Gadafi es en estos momentos el presidente en ejercicio de la Liga Árabe y de la Unión del Magreb Árabe. Este último organismo está en hibernación, por lo que cualquier iniciativa que el líder libio proponga chocará con el rechazo de algunas de las partes, Argelia o Marruecos, implicadas en el conflicto.

No es el caso de la Liga Árabe. Hasta el momento, esta organización que reúne a los 22 países árabes incluida Palestina, no ha abordado la discusión sobre el conflicto del Sahara occidental. La justificación oficial es que la Liga no discute los conflictos existentes entre los países árabes.

Por Pedro Canales

Entrevista Antonio Velázquez

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